La tendencia era claramente alcista. Desde que comenzó el mes de septiembre la cotización de la onza se acercaba a esa cota y hoy se ha superado. El oro cotiza a 1003,50 dólares la onza y, salvo que la confianza (que no parea de incrementarse) de un giro de 180 grados, podríamos llegar a los 1.100 dólares la onza antes de que acabe el año.
La verdad es que se dan todas las circunstancias para que el precio se incremente: un mercado plagado de dinero verde como consecuencia directa de inmensas inyecciones de capital y una política fiscal expansiva como no se veía desde la Gran Depresión; la sensación de que es fácil que nos estemos acercando a un entorno económico inflacionista; un dólar débil que aunque está ayudando a la economía norteamericana a pagar su deuda con mayor facilidad, empieza a generar dudas sobre su preponderancia como divisa de referencia; dudas a cerca de que los rallies alcistas de las Bolsas de Valores no vayan a sufrir correcciones.
En definitiva, es el momento del oro si no fuera por un par de detalles a tener en cuenta. La demanda de oro de los joyeros está bajo mínimos y dicha demanda supone el 70% del mercado. ¿Es de esperar que dichos joyeros vayan a comprar la onza a este precio y más aún cuando el consumo no remonta? Lógicamente, no. Además, en un mercado cada vez más volátil, igual que los inversionistas vienen, también se van.