Las autoridades japonesas no cejan en su empeño de mantener el yen los más barato posible desde que llegara hace unos días a máximos históricos (desde que acabara la segunda guerra mundial) con respecto al dólar.
Para este propósito hace justo siete días se anunció el gasto de 8 billones de yenes lo que, a corto plazo, supuso que la divisa nipona se abaratara un 4,7% con respecto al billete verde pero los inversionistas no paran de comprar yenes con lo que los esfuerzos de los reguladores no acaban por mantener la moneda al nivel esperado.
Y es que el yen sigue siendo una de las monedas refugio por excelencia y a pesar de los pesares la economía nipona sigue dando confianza. Los efectos del tsunami, el accidente en la central nuclear Dai-Ichi en Fukushima, las consecuencias económicas que la falta de suministro energético está provocando en las mayores empresas del país y la inestabilidad política que ha hecho que el país haya tenido cuatro primeros ministros en los últimos dos años, no están impidiendo que se recurra al yen como moneda de reserva ya que la opinión general es de que la economía japonesa está fuertemente anclada.